De Atenas a México 

Por: Erick Reducindo

Era el año 2004, me encontraba aún estudiando la carrera, y recuerdo levantarme con una emoción indescriptible; y no, no era por ver a aquella chava de voz un poco aguardientosa que en esos momentos ocupaba mi mirada, y mucho menos por el examen que tenía que aplicar ese día, y del cual, como acostumbraba, ni siquiera había estudiado, mi motivo era algo más que un sueño, un simple elemento que representa mucho para algunas personas, y es que ese día, el fuego olímpico tocaba suelo azteca. 
Obvio ya tenía averiguado los puntos estratégicos donde pasaría el contingente, sin embargo por tiempo y por lo que representaba decidimos acudir al zócalo capitalino, lugar donde se haría un evento especial por ser el ultimo puesto de la llama olímpica en nuestro país. Luego del examen, tome mis cosas, fui a comer a la casa y junto con mi madre y mi hermana emprendimos el viaje. 
Llegamos temprano para encontrar un lugar donde pudiéramos apreciar bien el evento, sin embargo ya se encontraba mucha gente en el zócalo, para fortuna de nosotros, los costados del pasillo que se dirigía al escenario estaba descubierto, por lo que hicimos ahí campamento; las pantallas mostraban el recorrido del contingente; ya habían pasado algunos de mis ídolos, Joaquín Capilla, Víctor Estrada, me parece que Fernando Platas, y el rumor era que el ultimo relevo era Ana Gabriela Guevara que por esos tiempos era la máxima figura del olimpismo mexicano. 
Recuerdo que después de mucho tiempo llegó un camión de la marca de refrescos que patrocinaba el evento, y se posicionó justo en la orilla de la plaza de la constitución, detrás de él, se veían luces de patrullas y ambulancias, motociclistas y cinco personas, cuatro de ellas rodeando a un hombre de estatura baja cargando la antorcha olímpica, era José Ramón Fernández quien la portaba; la gente comenzó a empujarse y acercarse lo más que se podía a las barreras que se habían colocado para el pasillo, llámenlo suerte o destino pero quede justo en la orilla y podría ver excelente desde mi sitio, del camión descendió Ana Gabriela Guevara, y más la gente comenzó a empujarse, el comunicador le entregó el fuego a la atleta a 3 metros de mi posición y fue ahí donde al menos por un segundo pude ver la llama frente a mis ojos. 
El objetivo se había cumplido. 
El ultimo relevo fue de Guevara a “Doña Chayito” ,una señora de edad avanzada que aún corría maratones, ambas colocaron el fuego en el pebetero para cumplir los protocolos para estos eventos; recuerdo el tumulto que se hizo al final alrededor del camión donde estaban descansando algunos atletas y celebridades que habían hecho el recorrido, ahí sí no pude acercarme pero recuerdo ver a un atleta (no recuerdo su nombre) quien tenía en sus manos la antorcha y de muy buena onda permitía a la gente tomarse fotos con ella, yo solo la tome. 
Fue un día especial, lo más cerca que había estado del movimiento que me había enamorado desde 1992 y la amenaza sigue en pie… Algún día el fuego olímpico y yo, nos reencontraremos en algún lugar. 
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